Mucho se habla de la atención: |
Que cada vez es más difícil captar, retener y mantener la atención de la gente. |
Pero se habla poco del ruido que se hace para capturar las neuronas de los pobres lectores/oyentes/visitantes. Y es especialmente sangrante en las redes de los vídeos, aunque LinkedIn no se queda corta. |
No soy activa en Instagram, me da tremenda pereza.
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Pero el otro día me pasaron por WhatsApp un vídeo y ¡zas! Caí presa del algoritmo y me pasé un rato viendo reels sin darme cuenta de cómo a cada minuto que pasaba mi cerebrito se iba apagando. |
Me vi haciendo scroll y huyendo como de la peste cuando saltaban anuncios o vídeos en los que la persona levantaba mucho la voz (supongo que para llamar mi atención), y me paré a ver un vídeo de un hombre que hablaba sobre el poder de la sonrisa en las interacciones humanas. |
¿Cómo captó mi atención este señor? |
Pues hizo justo lo contrario que los demás. No gritaba y transmitía calma y presencia. El vídeo no tenía cortes, ni zooms, ni efectos. |
Me dio por pensar si esto de la atención corresponde a una desensibilización total y recordé lo que pasó cuando cambié Madrid por un pueblito en la sierra. |
Cuando vivía en Madrid, mi casa estaba cerca de dos de los hospitales más grandes de la ciudad y de una comisaría central de policía. |
A los 6 meses de mudarme, un día pasó a toda velocidad un coche de la Guardia Civil con las sirenas puestas por la carretera. |
Ostras, llevaba meses sin oír una sola sirena cuando antes las tenía a cualquier hora del día pasando por la calle. |
No fui consciente de cuán insensibilizados estábamos a ese ruido infernal hasta que salí de él. Por eso, ese día, la sirena de la Guardia Civil captó totalmente mi atención. |
No solo fui consciente de la desensibilización que vivimos cuando estamos sometidos a ciertos estímulos diarios, sino que me activó la curiosidad: |
«¿Qué habrá pasado?», me pregunto ahora cada vez que escucho una sirena. Pregunta que nunca me hice en los 33 años que viví en la capital. |
Entonces, volviendo al tema inicial… |
Si para captar la atención de tu cliente crees que necesitas «gritar» más, piensa cómo de insensibilizado está a ciertos estímulos. |
Tú estás frito y yo también. |
Quizás convertir nuestras marcas en lugares de calma, de reflexión sin gritos ni brilli-brilli, sea buena idea. Quizás esa sea la forma de atraer a las personas que sí están despiertas, atentas y ávidas de encontrar a alguien que sea como ese jardín tranquilo en mitad del bullicio. |
No sé, tal vez me esté equivocando y me vaya a comer un mojón, pero es que no estoy nada de acuerdo con contribuir más a la fritura mental. |
Es una cuestión de coherencia y de valores. |
Es activar lo que yo llamo «Responsabilidad Creativa».
Que si vas a hacer ruido, que sea con criterio, responsabilizándote de las emociones y de las sensaciones que vas a dejar en los demás. |
De este concepto de responsabilidad creativa hablaré más, porque es importante que seamos conscientes de que nuestro altavoz merece ser utilizado con respeto y que lo podemos usar para hacer mucho bien. |
Quiero pensar que hay más gente que piensa igual que yo. |
¿Eres tú uno de ellos, minimalisto? |
P.D.1. Cualquier marca debe sostener una personalidad y unos valores tan claros que guíen cualquier acción, tanto de comunicación como estratégica, sobre todo si hay varias personas implicadas en el proyecto. De esta manera, se obliga a que toda decisión sea coherente con la marca para evitar disonancias o caer en artimañas. |
P.D.2. Si te interesa explorar la personalidad de tu marca y estructurarla en una guía de identidad verbal, aquí me tienes. :) |
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