Alguien ha pedido tu cabeza. ¿Te has enterado? ¿No? Normal. Mira, de vez en cuando hay una conversación en tu empresa a la que, por lo que sea, no estás invitado.
A veces es porque hay reestructuración. A veces porque ha llegado un consultor de McKinsey con un Excel y un powerpoint con bolitas y colorines. A veces porque el nuevo director financiero ha decidido que el margen está regulinchi.
El caso es que se juntan unos cuantos directores en una sala, normalmente con frutos secos y café, y empiezan a repasar nombres.
En un momento de esa reunión, alguien pide tu cabeza.
Puede que ni te conozca. Puede que sea un director del área de al lado que ha mirado tu coste en una hoja de cálculo y ha visto que sales caro para lo que produces. Puede que sea un consultor recién salido del MBA que no te ha visto en su vida.
Lo importante no es quién pide tu cabeza.
Lo importante es qué pasa después.
Hay dos posibilidades.
Opción A: nadie en esa sala dice nada. Todos miran un panchito o dan vueltas a la cucharilla. Tu nombre pasa a una lista. Tres semanas después recibes un email de People diciendo que te van a recolocar, o directamente descubres que tus contraseñas ya no te permiten acceder al correo.
Opción B: alguien en la sala dice No, tengo un plan para esa persona y lo necesito. O saca a Fulanito, este hace su trabajo y el de tres más. O simplemente ese no se toca. Y tu nombre desaparece de la lista. Tú nunca te enteraste de nada.
Esa persona es tu padrino.
Y o lo tienes, o no lo tienes.
Y aquí viene la parte jodida: si no lo tienes, te enteras tarde. Te enteras cuando ya estás fuera. Te enteras en el momento en que tu jefe directo te llama a una sala y te dice los que trabajen en esta compañía, un paso al frente - no, tú no, Martínez.
A esas alturas, ya no hay nada que hacer.
Un padrino no es un mentor. Mentor es el que te aconseja en privado. Padrino es el que te juega el cuello en una sala donde tú no estás.
¿Cómo se consiguen padrinos? Tres pistas, ninguna sexy:
No los consigues en cafés de esos donde ríes las gracias al jefe, los consigues hablándoles de algo real (un problema suyo, no tuyo).
No los consigues con mensajes cuquis en LinkedIn felicitando ascensos, los consigues si les salvas el culo en un comité.
No los consigues esperando a que aparezcan, los consigues sobresaliendo.
Mi consejo de hoy: piensa en las tres personas de tu empresa que podrían estar en una sala donde se decida tu futuro sin que tú estés.
¿Las tienes?
Bien.
Ahora dime: ¿la última vez que hablaste con cada una de ellas fue antes o después de las últimas vacaciones?
Si fue antes, tienes deberes para esta semana.
Si fue no me acuerdo, ya estás llegando tarde.
