Escribí este finde un post chiquitito en LinkedIn, porque eso es lo que he decidido hacer, textos breves, foto gracioso-reflexiva y a correr, esa red social cada día es más tóxica.
El caso es que en mi post hablaba de esa situación en la que alguien se esfuerza, es claramente un trabajador estrella y su ascenso es sistemáticamente aplazado.
He vivido varias de esas, no solo en primera persona, he visto a gente brillante que era apartada a un lado una y otra vez.
¿Los motivos?
Pues desde jefes que tienen miedo a perder un puntal imprescindible del equipo, a otros que prefieren gente más de su cuerda aunque tengan menos talento.
El caso es que un CEO me soltó este comentario:
A ver, hablamos de lo que hablamos: de gente muy buena que no logra ascender.
Estoy de acuerdo es que un ascenso no es un premio, pero también reconozcamos que hay gente que se deja los cuernos con la promesa o la perspectiva de un ascenso.
¿Es o no es?
Pues entonces, lo que toca es definir un plan de carrera lo más objetivo posible. Para que los buenos lleguen donde quieren llegar. O asumir que se van a largar los mejores.
Porque eso pasa.
He visto a compañías quedarse sin los mejores y perder no sólo grandes oportunidades, sino su propia esencia.
¿Qué es un ascenso, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul?
Y, ¿tú me lo preguntas?
Un ascenso es la consecuencia de un plan bien ejecutado que elevará a tu compañía hacia un futuro brillante o, de lo contrario, la hundirá en la mierda.

