Hoy quiero romper un poco con el formato habitual y contarte algo personal.
Últimamente escribo sobre temas muy variopintos. Y la verdad es que muchas veces no sé si van a interesar, si van a aportar algo, si alguien al otro lado va a conectar con lo que mando.
Ayer mandé un correo que pensaba que pasaría sin pena ni gloria. Y sin embargo, tuvo bastantes respuestas.
¿Y sabes qué? Tuve dudas sobre si mandarlo.
La humanidad lleva 200.000 años con los mismos miedos y cometiendo los mismos errores.
No te digo que no exista el aprendizaje. Claro que existe: si no, no tendríamos inteligencia artificial, cohetes, ni esos tapones atados a las botellas.
Claro que somos capaces de transmitir conocimiento e innovar.
Pero seguimos igual con los mismos miedos vitales de siempre: ¿qué va a ser de mí mañana? ¿Y si monto una familia? ¿Y si no sé cómo dar el siguiente paso en mi trabajo?
Atesoramos conocimiento cognitivo. Pero dejamos atrás el conocimiento vital.
Y lo paradójico es que tienes a tu disposición bibliografías enteras, historias inspiradoras, y gente con la que puedes acelerar ese proceso.
Así es el ser humano, llevamos toda la vida hacer a otros las mismas cosas, pero nos aterra recorrer ese camino.
A mí me pasó.
Tuve miedo cuando descubrí que iba a ser padre. Me aterró dejar un trabajo estable para ir a currar a media jornada a la España profunda. Me hice caquita gestionando mi primer equipo. Me temblaban las piernas al levantar el teléfono para llamar a mi primer cliente potencial.
Pero he descubierto algo.
Que cuando haces cosas, pasan cosas.
La clave del éxito no está tanto en pensar, maquinar, idear, considerar estratégicamente tu próximo movimiento. A veces la clave está simplemente en hacer. Y no tener miedo a las consecuencias.
El éxito no está en dar con lo que funciona a la primera. Está en probar suficientes cosas como para saber qué funciona y qué no.
Así que si tienes miedo a ganar visibilidad dentro de tu empresa: quítate las tonterías y empieza a probar cosas diferentes.
Si no te atreves a hablar con un director: hazlo. Tómate un café con él. Ten una interacción humana.
Si no eres capaz de dar un golpe encima de la mesa y decir que no: dalo. Y di que no. A ver qué pasa.
Exponte. Prueba. Sé constante.
Deja el miedo atrás.
Empieza a probar cosas. Créetelas. Y hazlo de una maldita vez.
