Yo me dedico a crear ofertas técnicas complejas.
La cosa va así: una empresa grande saca un documento con lo que quiere, es un documento con mucho detalle.
Los proveedores leemos ese documento, hacemos una propuesta y hay un comité que elige.
Los gurusitos te han contado que ya no hace falta hacer propuestas, que esto es del siglo pasado, que los contratos se ganan firmando una servilleta. Mira, si tu cliente quiere construir un puente, implantar un software caro o adquirir aviones; si su empresa es grande y tiene comité de compras; y, sobre todo, si lo que quieren comprar supera los 100.000 euros, casi seguro que vas a tener que hacer propuesta.
Nadie te dice, ah, sí, tengo un millón de euros de presupuesto, me caes bien y confío en ti, toma la pasta y a ver qué sabes hacer.
No digo que no pase, ojo.
Digo que no es lo habitual.
De hecho, yo ni siquiera creo la oferta, otros la crean y yo coordino el trabajo y monto el documento final.
Si me preguntas cuál es la mejor oferta que he hecho, mi respuesta es fácil: la que terminé ayer.
Si me vuelves a preguntar dentro de un año, mi respuesta será la misma: la que terminé ayer.
Los ingredientes para ser mejor en tu trabajo son tres: autocrítica, perseverancia y tiempo. No, no son muy sexys. Es lo que hay en esta nius, verdades que escuecen.
Si lo que te frena es que no eres el mejor en lo tuyo, en pocos días recibirás un audio diciéndote qué tienes que hacer para pasar de un tipo del que la gente no se acuerda cuando cita al empleado del mes, a que se te rifen los gerentes cuando haya un proyecto de impacto.
Estate atento.
