Es raro, ¿no?
El proceso mental de alguien que recibe un correo pidiéndole que comparta algo, me refiero.
Cuando empecé con esto del test para que sepas si te van a ascender, te diste cuenta de que mi objetivo nada disimulado era llevar la newsletter a 3.000 suscriptores y pensaste algo así como, «Mira el listo, quiere que le hagamos el trabajo gratis. Qué original.»
Al día siguiente quizás dijiste, «Bueno, tampoco es para tanto, un clic no me cuesta nada.»
Luego, «Aunque claro, si lo comparto y no es bueno, quedo yo como el recomendador de gilipolleces delante de mi Head of Movidas en LinkedIn.»
Después, «¿Y si leo primero hago el test, leo el post y luego decido?»
Y lo leíste. Y dijiste, «Oye, tiene gracia esto.»
Y luego, «Pero es que yo no soy muy de compartir cosas.»
Y luego, «Aunque si fuera un TikTok con gente haciendo el idiota, sí que se la pasaría a tres personas antes del desayuno.»
Y luego, «Pero esto no es TikTok, claro.»
Y luego, «Pero tampoco es el típico newsletter de gurú con bullet points y frases que se supone que dijo Einstein.»
Y luego, «¿Y qué gano yo con compartirlo?»
Hoy es el día en que te respondo a esa pregunta.
Si conseguimos los 3.000 suscriptores la semana que viene, llegan recursos de mucho valor para ganar opciones de ascender sin bajarte los pantalones ni hacer el ridículo. No el tipo de recurso que ya tienes en cinco carpetas sin abrir.
El otro tipo.
Ojo, esto solo le llega a los que han hecho el test y han compartido.
Lo peor es que no voy a dejar de insistir.
Porque cada día que pasa, esa vocecita que dice «total, un clic» va a seguir ahí.
Y las preguntas que ya rondan tu cabeza:
este tío escribe diferente…
no me está vendiendo nada raro…
¿cómo será lo que regala a los que comparten en LinkedIn?
Van a seguir aumentando.
Soy un pesado que te revienta el buzón cada día, lo sé.
Puedes verlo como algo negativo. O puedes imaginarte que, si los correos gratuitos son así, cómo será lo que le cuento a la gente que me da su atención de verdad.
Tienes tres opciones.
Le das al botón, lo compartes, y pasas el resto del día tranquilo sabiendo que hiciste una buena obra sin donativo ni palomitas.
O no lo compartes, te olvidas, y dentro de tres semanas te encuentras con la newsletter con 3.000 suscriptores y piensas «ojalá hubiera empujado cuando me lo pidió».
O me mandas un correo diciéndome que soy un pesado y un egocéntrico.
Pero te digo una cosa: puede que sea un pesado y un egocéntrico, pero esto sí que vale la pena compartirlo. Aunque solo sea porque cuando lleguen los audios prometidos, vas a querer haber estado en el bando de los que empujaron.
Alguien con criterio no pasa el resto del día pensando «debería haberlo compartido» para al final no hacer nada.
