En la vida hay momento para las cosas importantes y momentos en los que no pasa nada.
Eso lo ha reflejado el arte siempre.
En teatro, tienes la obra principal y los entremeses.
En arte, el cuadro importante y los estudios.
En literatura, tienes En busca del tiempo perdido.
Los siete libros.
Es bromi, Proust y yo tenemos esta coña interna.
En el mundo niusletero, tienes correos como este.
Una cosa que te tiene entretenida un rato, que te saca una sonrisilla, pero que no te va a cambiar la vida.
Y dirás, si no tienes nada que decir, ¿pá qué me escribes?
Dilo con acento de reaggetonero, como Bad Bunny, que tiene más gracia.
Mi amol, si no tieneh n’a que desil, p’a qué mehclibeh?
Pues por el apego, chati.
Porque tú y yo tenemos esta relación que se basa en el apego.
Tú lees esto, que debería salir por la mañana pero llevo meses que lo envío a las tantas, te acuerdas de mí, te ríes y te sientes acompañado.
Así que el consejo de hoy es simple.
No, no va de pronunciarlo todo como si vivieras en Puelto Rico.
Va de hablar con la gente.
De escucharles, de escribirles, de estar atento a las personas.
La herramienta más poderosa del liderazgo es esa.
Que no te convenzan de lo contrario.
