Te voy a contar cómo funciona un proceso de ventas en una gran compañía. Normalmente alguien se da cuenta de que tiene que hacer algo que no puede hacer con las personas que tiene en el departamento o en otros departamentos.
Los motivos no importan, elige entre: a) los del departamento son unos paquetes que no hacen ni el huevo; b) los de otros departamentos son gelipollas; c) No sabemos ni lo que queremos, contrata a otro y, si sale mal, les cargamos el muerto.
Total, que llega el Head of Movidas y le encarga a alguien que busque proveedores. Normalmente esta persona va un poco a tontas y a locas y tira de los proveedores habituales, aunque los proveedores habituales sean empresas constructoras y lo que haya que contratar sea un catering para un evento.
Total, que la persona que tiene el encargo acaba dando con proveedores decentes, porque la gente tampoco es idiota y sabe usar interné, se cita con ellos, toma nota y quiere contratar a unos.
Entonces llega el departamento de Compras y dice MIS COJONES.
Y pide tres ofertas formales, así que el pollo al que el Head of Movidas tiene que redactar una RFP, que es un documento de requisitos donde diga cosas como “queremos esto así, o aquello asá” y bueno, pues se putoflipa y escribe una carta a los reyes magos.
Ya que están, los de otro departamento piden no-sé-qué hostias que se cubrirá con el presupuesto del Head of Movidas original, pero que hace un chanchullo con los de marketing porque le sobra pasta y, hoy por mí, mañana por ti, el pliego incluye algo que ya ningún proveedor del mundo puede proporcionar.
Pero espera, que llega legal y pone sus condiciones y exige que se use una plantilla que han creado, total que el pollo que está llevando eso reutiliza la plantilla, que añade condiciones de cuando se contrató un curso de Lego Serious Play y ni se molesta en quitarlo.
A esas alturas el documento de pliego parece ya un collage místico, un cadáver exquisito, un Pollock pintado con estiércol.
El nivel de copy+paste es loquísimo.
Para cuando publican ese Frankenstein, han apurado demasiado y, o están a punto de terminar el año fiscal y perder el presupuesto si no contratan, o tienen un lío de tres pares de cojones porque les ha pillado el toro.
El caso es que te dan cinco días para responder.
Y tú lees eso… y te entran las siete cosas.
Venga, va, te doy un consejillo: si no puedes expresar lo que quieres para que lo entienda un muchacho de 10 años, lo estás haciendo mal.
Ya estaría.
Puro valor hoy en el correo.
Si es que, cómo te cuido, bribón.
