¡Sorpresa! Hacía mucho tiempo que no te escribía a la hora de siempre.
¿Todo bien, te pillo desayunando?
Pues al lío.
Sé que lo estás pensando.
Lo de cambiar de trabajo, digo. Sé que lo estás pensando porque la gente está quemadísima.
Está todo mal.
Déjame adivinar. Ya no llegas con holgura a fin de mes, tienes más trabajo que nunca y, lo peor, sabes que este año tampoco te toca. Sí, joder, una subida salarial decente.
Piensas que, a lo mejor ahí fuera… pero, claro, hace tiempo que no hablas con tus excompañeros y tantearles para algo así, está feo.
Porque está feo, ¿no?
O a lo mejor no estás tan mal.
Porque trabajas con buena gente. No todos, claro, pero la mayoría.
Y acabas de volver de vacaciones y ni tan mal.
Pero luego piensas en los próximos meses que te quedan hasta Navidad y te entra la bajona.
¿Sabes cuál es tu problema?
Que tienes una película en tu cabeza que confundes con la realidad.
Que te planteas mil escenarios por segundo con tal de no actuar.
Y así vas a seguir semanas y meses, unas veces estarás mejor y pensarás en otra cosa, otras sucederá algo que te encenderá por dentro y soltarás algo tipo a tomar por culo ya, voy a empezar a echar curriculums.
Pero eso no es un método, es pura improvisación.
Nada bueno sale de la improvisación.
Los primeros cinco minutos de mi taller del día 17 van a tratar sobre expectativas. En esos cinco minutos vas a tener las herramientas para dejar de putofliparte pensando que un headhunter va a bajar desde Urano, se va a fijar en ti y te va a llevar de Head of Masters of Universe en Toys R Us.
Vas a entender las corrientes de fondo del mercado actual y cómo medir tu valor en el mercado.
Te enteras de todo dándole al botón.
Una cosa, si estás pensando en apuntarte y no terminas de decidirte, le das muchas vueltas y no sabes si es para ti, ahí tienes otro ejemplo de que analizas demasiado.
La vida es corta. Toma decisiones.
Ven o no vengas, pero no pierdas tiempo pensándolo. Ponte a buscar trabajo o no te pongas, pero deja de torturarte.
