Mi opinión como persona ya de una cierta experiencia es que payasos hay en todas partes.
No, va, que en esta nius no va de atacar a nadie en concreto.
Hoy vamos a hablar de esos personajes fascinantes que inventan una vida propia. ¿Has conocido a alguno?
En mi época a esos sujetos los llamábamos fantasmas.
Hay fantasmas y fantasmas.
Estaban los que te decían que habían salido de marcha con su colega en otra ciudad y que había ligado con siete u ocho, lástima que el resto del año cuando salía contigo no se le acercaba nadie ni con un palo.
Y luego están los pro.
Los que se inventan una vida completa.
En el mundo profesional he conocido fantasmas.
Gente que te cuenta una película que sabes que no es cierta, pero te la cuentan igual.
¿Sabes qué es lo peor?
Les funciona.
A Vito Quiles, al Pequeño Nicolás o a ese Head of Marketing que ni tiene equipo ni nada, pero que se reúne con un proveedor, se da aires, le cuenta que van a invertir una pasta el año que viene y luego te enteras de que el sujeto lo único que hace son cuatro diseños gráficos y que ni presupuesto, ni vainas.
Alguna vez te he hablado de grandísimos impostores que resultaban fascinantes para la gente a su alrededor hasta que se desenmascaraba el pastel y pasaban a ser odiados por todo el mundo.
Tienes a Enric Marco, que fingió haber pasado por un campo de concentración para darse bombo y acabó dando un discurso en el Congreso de los Diputados, aplaudido por todos.
O la chica de Valencia que dijo que había estado en una de las torres gemelas y su novio falso murió en la de enfrente, mientras ella escapaba.
A la larga esta gente acaba mal.
Pero resultan fascinantes.
Porque le ponen ganas a lo que cuentan, aunque sea mentira.
Así que, mi consejo de hoy es que pongas pasión a lo que haces. Mucha.
Vito Quiles se apagará cuando los que le sostienen dejen de considerarle útil, lo que no va a tardar mucho en pasar.
A la larga, nadie quiere trabajar con un fantasma.
Aunque, mientras les ves actuar, resultan fascinantes.
