Hoy me voy a poner académico, ya sabes, hay días con anécdotas divertidas y metáforas visuales loquísimas, hay días donde hay que aportar valor estilo linkedin, para que puedas engañarte a ti mismo pensando que estás aquí por el valor y no porque cito a Leticia Sabater de vez en cuando.
Venga, al lío.
Hay métodos muy chorrer de productividad. La matriz de Eisenhower es uno de ellos. Los aprendes, los usas, te sientes productivo, pero notas que algo no va bien.
¿Conoces este método? Es fácil: creas un gráfico de dos dimensiones, prioritario y urgente y organizas las tareas en cuatro cuadrantes.
Si no es prioritario ni urgente, se postpone.
Si es urgente, pero no prioritario, se delega.
Si es prioritario pero no urgente, se aborda después de lo prioritario y urgente.
Si es prioritario y urgente, se hace.
Más o menos va así. Fácil y para toda la familia. Incluido Paquirrín.
Pero precisamente lo malo de este método es que es demasiado simple.
Es simple porque la vida no es tan predecible, muchas veces no tienes ni idea de si algo es importante o urgente.
Quiero decir, deduces que es prioritario o urgente porque para otro lo es.
El informe que te piden para antes de ayer, la incorporación de un perfil que lleva 5 meses parada, pero de repente es crítica porque arranca un nuevo proyecto la semana que viene.
Esas cosas.
Pero en realidad, si no tienes información para decidir por ti mismo, la matriz no vale para nada. Esto es lo divertido de gestionar: es complejo.
Puedes intentar simplificarlo todo, pero no vas a poder.
Bienvenido a la profesión más compleja del mundo.
