Las empresas son como tu colega el ligón: nacen, crecen, se vuelven maduritos atractivos, se estancan y luego oscilan hasta que un cambio normativo, tecnológico o una absorción acaba con ellas.
En el caso de tu colega el ligón, el cambio normativo es una orden de alejamiento, el reto tecnológico es un satisfier y la absorción se llama hipoteca, dos ex-esposas y cinco churumbeles.
Ojo, las empresas moribundas también dan coletazos, como un tiburón recien pescao. Al que no le ha llamado un colega recién divorciado oliendo a desesperación y cerrao para ir a quemar los bares, que responda a este mensaje.
Este texto, si te lo hace uno de McKinsey, le daría otro rollo, habría metido algún return of investment, pipeline y mierdas así, pero esto se entiende mejor, ¿que no?
Pues eso, sin paños calientes: ¿qué te conviene más?
Depende.
Si quieres crecer, pegarte a tu colega cuando tiene acné y está creciendo.
Si ya eres un perfil maduro y consolidado, ten en cuenta que la George Clooney lleva como cien años envejeciendo bien.
El juego del éxito profesional va de que tu empresa y tú hagáis match.
Y que, cuando se apague la magia, sepas ver las señales.
Recuerda que la vida profesional es muy larga y que el mundo ahí fuera es muy grande.
Te digo todo esto porque el panorama está loquísimo. Se vienen tiempos complicados. Y las empresas van a sufrir y van a reajustar plantillas. Aquí me pongo un poco McKinsey.
Mi recomendación para hoy es que te plantees en qué momento estás y qué harás si vienen mal dadas.
Ojalá que no.
Pero, si pasa, estarás mejor preparado que la media.
