Me ha escrito una persona por linkedin y me ha propuesto quedar para contarme su problema y que le pueda orientar.
Hace dos años habría dicho que sí.
Porque a mí me encanta ayudar y, seamos sinceros, soy un poco cotilla.
Pero le he dicho que no.
Que lo mejor que puede hacer es apuntarse a la nius (cosa que espero que haya hecho).
Que yo por esas asesorías cobro.
Ahora mismo la mentoría la tengo cerrada, pero no descarto abrir de nuevo.
Pero, aunque esté abierta, no sé si puedo ayudar a esa persona. Por eso recomiendo a todo el mundo que se apunte a la nius.
Porque aquí me conocen y saben en lo que puedo ayudar y en lo que no.
Si puedo ayudar, perfecto, yo encantado. Pero cobro por hacerlo.
Cuando abrí la mentoría rechacé a dos clientes. Bueno, en realidad les hice replantearse su idea.
Uno era una persona que quería reorientarse profesionalmente hacia un tipo de tecnología y tenía dudas de si entrar porque no sabía si le podía ayudar.
Le recomendé que no lo hiciera, porque seguramente saldría mal si no estaba convencido de que le podía ayudar.
Era tirar tiempo y dinero y valoro mucho el tiempo y el dinero, el mío y el de los demás.
Hubo otra persona que se iba a jubilar y tenía dudas. No soy ni experto en derecho laboral ni en fiscalidad ni nada parecido, así que decliné.
Me agradeció la sinceridad.
Así que no aceptaría a esta persona en las mentorías sin que me haya conocido antes y sepa que puedo serle útil.
Te cuento todo esto porque estoy seguro de que en tu trabajo haces muchas cosas gratis y, a lo mejor, no deberías.
No me entiendas mal, no digo que seas una mala persona y no ayudes a otros.
Lo que digo es que igual te estás desviando de tus objetivos por ayudar a otros.
Que seas consciente.
Que te ayudes a ti mismo.
Y que recuerdes que, a veces, poner precio a lo que haces simplemente te ayuda a no perder de vista tus objetivos.
Dale una pensada.
