El otro día te dije que me pidieras lo que quisieras y una suscriptora ha propuesto un tema bien interesante.
Resulta que dos departamentos dan instrucciones contradictorias e incompatibles entre sí.
Qué raro, ¿eh?
Nunca me ha pasado algo así (guiño-guiño).
Estas cosas no pasan, ¿a que no? ¿A que nunca has trabajado con gente cuya prioridad parece ser joder al del departamento de al lado?
Me decía mi suscriptora que a ver si era cosa suya.
Ay, ojalá.
La realidad es que en las empresas grandes hay departamentos con responsabilidades que se solapan y hay responsabilidades que nadie tiene.
En las realmente grandes, directamente hay un departamento que se encarga de crear subdepartamentos que nadie sabe lo que hacen hasta que acaban replicándose por generación espontánea, un poco como en la peli de Backrooms pero con carteles motivacionales en las paredes.
En realidad esto pasa de antiguo, lo de llamar a estos departamentos “reinos de taifas” es una metáfora bastante acertada.
Creas un área, pones a alguien al frente y sus intereses suelen ser mantenerse a toda costa y aumentar su poder.
No, facturar más, no.
Reducir costes, tampoco. Bueno, reducir los del departamento de enfrente.
¿Cómo sobrevivir a semejante locura?
Bueno, entendiendo bien el contexto, el contexto lo es todo.
Saber de qué palo va cada quién y mantenerse al margen de peleas callejeras entre bandos.
Que quede claro: este tipo de movidas pasan porque se permite que pasen.
Fomentar la competencia entre distintas áreas es una forma como cualquier otra de gestionar a través del miedo.
Y el miedo funciona bastante bien.
Querida suscriptora: la paranoia se extiende como una mancha de aceite, y estas empresas funcionan exactamente así porque alguien decidió que funcionaran así. Alégrate de que todavía te escandalice. El día que dejes de verlo raro, ese es el día que hay que preocuparse de verdad.
