¿Te dejas ver por ahí? ¿O eres de los que se esconde tras un informe?
Te lo digo porque igual eres de los que está por aquí para mejorar eso que llaman empleabilidad.
Vaya palabra, niño.
Em-ple-a-bi-li-dad.
Paladéala, si es que hasta huele a colonia añeja.
Mira, que te quede claro, en la vida triunfan más los que no tienen miedo que los buenos.
Los que son cojonudos y se quedan detrás, que no alzan la voz, que son tímidos y timoratos, no se comen un rosco.
En el trabajo, tampoco.
Esto es así.
Si no te gusta, las reclamaciones no me las envíes a mí, yo no he inventado el mundo ni sus reglas.
Así que, tienes tres opciones: quejarte, resignarte o actuar.
Si decides quejarte por cómo es el mundo, estupendo, tienes cinco años y te enfadas porque no puedes cumplir un capricho.
Si te resignas, bueno, has decidido que ese es tu destino y que lo aceptas, que no te vas a frustrar y que en tu caso no pasa nada.
Pero si te decides a cambiar algo…
Mis respetos.
Para ti van estos consejos:
Lo de muéstrate como eres, es una gilipollez, todos representamos un personaje, no te digo que mientas, pero tampoco tienes que mostrar todos tus defectos, la gente quiere ver una versión atractiva de ti.
El miedo a la exposición se cura saliendo a escena.
No tengas pánico a cagarla: la vas a cagar. Ya está, quítate presión, hasta Brad Pitt la ha cagado, asume que eres adulto y sigue adelante.
La gente es indulgente con los que la cagan y lo reconocen con humildad; la gente es implacable con los soberbios.
Recuerda, el objetivo no es mostrarte, mostrarte es el camino para conseguir el objetivo, no te flipes con la atención que vas a recibir.
Pues ya estaría.
