¿Te da cosita hablar en público? ¿Te intimida? ¿Eres el patito feo de las reuniones?
La gente introvertida suele tener problemas con esto de intervenir ante otros, así que te voy a contar algo que he recordado esta semana.
La mejor técnica que puedes usar para mejorar tu oratoria es grabarte delante de una cámara y observar en detalle cada gesto y cada palabra.
Todo el mundo sabe qué hace bueno a un orador: mantiene una postura firme, mueve la cabeza dirigiéndose a las distintas personas de la audiencia, no tartamudea, usa pocas muletillas…
Lo haces el tiempo suficiente y, si no mejoras, es que no le has puesto empeño.
Pero hay otra técnica.
Absurda.
Que te va a joder la vida, ojo.
Si la aplicas me vas a odiar.
Consiste en identificar tics de malos oradores.
En averiguar cuáles son sus muletillas.
Por ejemplo, yo mismo evito hacer un tic un poco feo que me sale natural porque un amigo tenía el mismo, una especie de chasquidito con la lengua al acabar las frases.
Así que, cada vez que me hablaba, yo esperaba el chasquidito, hasta el punto de que aquello acabó siendo una tortura para mí.
Otra vez tuve una directora que, cada vez que hablaba, metía muchos aaaah, eeeeeeh.
Me fijaba tanto, que terminé preguntándome cómo yo era el único que pensaba que la tipa era odiosa.
Esa es la técnica.
Encuentra lo que otros hacen mal, te fijas hasta aborrecerlo.
Te jode la vida.
Te mejora la oratoria.
