A ver, esto no es la iniciativa Dharma, que si no pulsas un botón cuando un contador místico llega a cero se pone una sirena a vociferar UAAAAAH! UAAAAAH! UAAAAAH! y temes porque llegue el fin del mundo.
No.
Si esto no te llega un día, no pasa nada.
Bueno, pasa.
Verás, escribo este correo para meterme en tu mente cada día.
Ahora igual te sientes sucio. Te aguantas.
¿Cuántos posts de LinkedIn, Substack u OnlyFans has leído hoy? ¿Siete? ¿Veinte? ¿Doscientos cuarenta y ocho?
El problema que tenemos hoy en día es que estamos sometidos a demasiados impactos.
Demasiados.
En época de los Bridgerton, Lady Whistledown escribía su gaceta satírica mencionando bailes elegantes y comentarios veladamente maliciosos y la alta sociedad londinense tenía entretenimiento para una semana.
Hoy, Whistledown tendría que decirte “mira”, “Haber, a ver, haver”, soltar palabrotas y, aun así, caería en la irrelevancia la mayoría de las veces.
Escribo para que me recuerdes.
Y tú deberías hacer lo mismo en tu empresa cada día.
Taladrar el cerebro de los que te van a dar un ascenso o te van a dar más pasta el año que viene.
Cada día.
Cada puto día.
Nadie va a pensar que eres pesado por mantener una conversación.
