No sé a qué te dedicas y me da igual: hagas lo que hagas, hazlo bonito. Veo cada día gente que presenta cosas feas. En mi caso, documentos horrorosos, cutres, sin ningún sentido de la proporción y con recuadros que se comen los textos. O Excels que vienen tal cual, una hoja de cálculo triste, como mucho con celdas resaltadas en colores que parecen sacados de las pinturitas esas que les daban a los niños en el burger para que no dieran por saco. Digo daban porque ahora a los chavales les plantan el móvil a todo volumen en la cara y listo. No sé en qué momento decidimos que la fealdad se tenía que instalar en nuestras vidas. ¿Cuándo fue eso? ¿Con Windows 95? ¿Por qué a la gente le parece normal entregar algo feo de cojones? ¿Empezamos ya en el cole entregando trabajos con tachones? Si crees que no importa si haces las cosas con un mínimo gusto estético, para un segundo. No sé desde dónde estás leyendo esto, si es el móvil, el ordenador o eres de los que se imprime este correo en un folio Galgo. En cualquiera de los tres casos, para y mira. Analiza la proporción del dispositivo, la disposición de las formas, la distribución. Ahora levanta la vista y mira otro objeto, el que sea, una mesa, una silla, no, a la persona que se te acaba de cruzar delante no, que podría ser acoso. ¿Ves la disposición? Alguien se ha esforzado por diseñar eso. Si tienes tiempo, date una vuelta y mira las marquesinas de los anuncios, la estructura de los edificios, la armonía en la distribución del parque debajo de tu casa. En el mundo ya hay bastante fealdad, fíjate en las cosas bonitas y llévalas a tu trabajo. La humanidad te lo agradecerá. Jorge - Head of Beutiful Things Comparte por ahí Compartir
Hay un valor en la industria, el MTBF, Mean Time Between Failures. Tiempo medio entre fallos. Todo falla. Tu iPhone carísimo, tu Volvo reforzado como un tanque, tu virilidad el día en que ligas con tu crush. Es cuestión de tiempo. La pregunta no es si te pasará a ti, la pregunta es si estás preparado para cuando pase. Porque pasar, va a pasar. Te vas a romper una pierna. O no tendrás ánimo. Quizá no seas tú, sea un ser querido que vive lejos. Pero en algún momento entre hoy y los próximos años, te va a pasar una movida tocha que te va a obligar a parar. No sé cuál es tu MTBF, para eso estás tú. Revisa tu histórico. Cuál ha sido tu último gran susto. El próximo llegará. Para las emergencias, ten a mano un kit. A quién informar, a quién delegar, a quién pedir apoyo. No necesitas más. Un grupo de personas para lo primero, un par para lo segundo, una para lo tercero. El consejo de hoy: si nunca has hecho un simulacro de desastre, invierte dos horas de tu vida en prepararlo. No hay tiempo mejor invertido. Ojo, deseo que no te pase nunca. Pero no soy un ingenuo, lo siento pero te va a pasar. Jorge - Head of Bad News Comparte por ahí. Compartir
Las pirámides no las construyeron los egipcios, seguramente fueron unos aliens, unos entes incorpóreos de fuera de nuestra dimensión o una civilización anterior que se ha perdido en el olvido. Las elecciones que perdió Trump no las perdió Trump, fue un claro fraude electoral perpetrado por los illuminati, la komintern y Bluey. Argentina no perdió el mundial, fue todo una conspiración de la FIFA, el eje sionista-británico y Paquirrín, que les obligaron a dejarse ganar. Estos tres hechos parecen un poco random, pero dame un minuto y te los conecto: Hay un concepto llamado La Navaja de Ockham que viene a decir que, si tienes dos explicaciones para los mismos hechos, quédate con la que necesita inventar menos cosas. Si pillas a un tipo en tu casa desnudo dentro de un armario, pues o ha venido a jugar a los médicos con tu mujer o a darte a ti lo tuyo, lo de “no es lo que parece, no cuela”. Pero claro, ante un evento traumático o difícil de explicar, la gente prefiere inventar. No entiendo como gente atrasada pudo construir las pirámides, luego son los aliens. No quiero reconocer una derrota electoral, así que es cosa de un poder en la sombra. Me ganan al fútbol porque no he tirado a puerta, pero era porque los jugadores y el cuerpo técnico estaban coaccionados. El cliente no ha aceptado la oferta aunque éramos los mejores porque… porque el cliente no tiene ni idea, o la competencia son kamikazes, o porque no han entendido el valor, o por lo que sea. Mira, si tu proceso no depende de ti en absoluto, no tienes un proceso. Obviamente un proceso comercial depende del cliente, pero es responsabilidad del comercial cualificar bien. Saber si hay que invertir o huir. Lo que no vale es ir a remolque todo el partido, perder y luego echar balones fuera. Asume lo tuyo. Jorge - Head of Football Management No entiendo de fútbol, me parece que Argentina dio batalla al final pero no tuvo suerte, cada cual elige cómo jugar. Compartir
Delayering ¿Te suena el concepto? ¿No? Pues vas a flipar, te presento el concepto más repetido en el mundo de la gestión desde los 80, el delayering. El delayering es literalmente lo que dice la palabra: quitar capas. Pillas el organigrama, que en las grandes corporaciones de posguerra era como una tarta nupcial de ocho o nueve niveles, y le arrancas pisos intermedios. La crema inglesa, el confit de limón, fuera. La idea era comprimir la distancia entre quien decide y el que ejecuta . Esta idea la hizo popular Jack Welch, CEO de General Electric de 1981 a 2001. Cuando llegó, había 9 niveles de mandos intermedios. ¿Su solución? Dejar cinco y cargarse 100.000 empleados en 5 años. A Jack le acabarían llamando Neutron Jack porque era como la bomba de neutrones, eliminaba a la gente y dejaba los edificios en pie. Yo qué sé, cosas de la guerra fría. Luego un tal Tom Peters le puso la capa metodológica. Si lo piensas, menos capas significa menos teléfono escacharrao, decisiones más rápidas, menos gente cuyo trabajo consiste en aprobar el trabajo de otro. En un powerpoint, aplanar suena guay. Pero había trampa. El delayering nunca se vendió como lo que era: un recorte de costes. Se vendió con envoltorio de filosofía organizativa, de empoderar al empleado, de acercar la decisión al cliente. Igual te suena. Aunque la métrica que de verdad se miraba eran los costes en nóminas. Espera, que la cosa se pone peor, porque el trabajo de esas capas no se evaporaba. El manager no solo reenviaba correos: traducía la estrategia de arriba en tareas de abajo, amortiguaba conflictos, formaba a los novatos, sabía dónde estaban enterrados los cadáveres. Cuando siegas la capa, esas funciones se redistribuyen hacia arriba (jefes con equipos de veinte personas a cargo, imposibles de gestionar) o hacia abajo (currantes que ahora coordinan gratis). Y había una tercera derivada, el péndulo. Muchas empresas que adelgazaron a saco en los 90 se pasaron los 2000 recontratando capas de gestión discretamente, porque descubrieron, oh sorpresa, que sin nadie que hiciera de pegamento, la información se perdía y la gente se quemaba. Ahora, no te suena porque nadie publicó el libro Cómo volví a contratar a los managers a los que despedí porque soy gilipollas. Eso no vende. El dato que no te cuenta nadie, la proporción de managers sobre el total de empleados en EEUU ha crecido. Según BLS, los managers eran el 12,3% del total de trabajadores en 1998 y el 15,4% en 2015. Ojito que la cifra sube, no baja, después de dos décadas de gurús anunciando su desaparición. ¿Sabes lo que ha subido entre 2021 y 2024? Los costes laborales. Y, ¿sabes a qué sospechoso habitual le van a colgar el muerto de los despidos? Exacto. A la IA. Mi consejo: no te obsesiones con hacer mejores prompts. Aprende de verdad las corrientes de fondo y habla con la gente, aprende a escuchar, toma decisiones. Sé un líder, joder. Que siempre va a hacer falta alguien que lleve al equipo de A a B pasando por un río lleno de cocodrilos y mantener la moral alta. Jorge - Head of Movidas. Comparte por ahí Compartir
Sigo con mi análisis de barra de bar sobre LinkedIn. Porque sí, porque yo ni soy experto, me la sopla el algoritmo y voy a mi bola en la red. Peeeeero, gracias a eso puedo sacar conclusiones que te sirvan a ti. Hoy quiero hablarte de visibilidad vs. relaciones. Porque la gente va por la vida buscando visibilidad. Lo sé, me ha pasado. Yo también he contado los likes. La primera vez que llegué a 80k visitas, la gocé bien fuerte. Mi cuenta bancaria seguía igual. Y eso yo, que llevo años. Tú estás empezando o tienes una red sacada de The Walking Dead. Si es tu caso… no te flipes. Si publicas en LinkedIn la visibilidad que vas a conseguir es la de la gente de tu empresa. Si empiezas a publicar y no es para dar likes a las publis corporativas, la gente se va a fijar en ti, claro. Porque va a empezar a pensar que te quieres ir. Somos así de básicos. No te creas que va a llegar gente de otro sitio a ver tus cosas y decir, mira, aquí hay alguien que vale la pena. Se puede hacer, pero no es para el común de los mortales, eso si quieres te lo cuento otro día y no te va a gustar: implica usar grupos de engagement, bastante descaro y contenido caro de producir, o las tres cosas anteriores. ¿Sabes lo que te puede dar resultados sin levantar sospechas? Los mensajitos. La red tiene un sistema de mensajería muy cutre pero eficaz. Si hasta te permite dejar audios. Mi consejo de hoy: no uses los likes ni los comentarios durante una semana. Mejor envía mensajes privados agradeciendo algo, comentando algo que te haya gustado, lo que sea. Porque de eso va la construcción de redes, de hablar con personas. Eso no te lo tira abajo ningún algoritmo. Y, a diferencia de las 80k visitas, esto sí se nota. Prueba y me cuentas. Puede ser por privi en LinkedIn. Jorge - Head of Visibility Comparte por ahí Compartir
Te prometí hablar de la red de redes, verás, si trabajas en un edificio alto con cristales y no tienes cuenta en LinkedIn, es raro. Es como esa gente que vas a su casa y no tiene cafetera, ni siquiera un bote de Nescafé caducado hace cinco años. Vale, no te gusta el café, estupendo, pero si no tienes cafetera a ti lo que no te gusta es la gente. Pues con LinkedIn igual. Si no lo tienes, es raro. Solo se me ocurren tres motivos por los que no deberías tener cuenta de LinkedIn: que seas famoso nivel Dios, que trabajes para el servicio secreto de algún país o que te busque la Interpol. A lo mejor tu caso es que eres famoso y te busca la Interpol, pero no creo que tenga muchos lectores que reúnan ambas condiciones. Por lo que sea. Lo primero que tienes que tener claro es que si quieres que alguien se fije en ti en una red social tienes que hacer cosas que nadie está dispuesto a hacer. Y te van a llover críticas por atreverte a hacer lo que la gente no hace. Si no estás dispuesto, no te líes y no le dediques más tiempo del necesario. La gente cuando llega a LinkedIn se aturulla por cosas absurdas. Que si qué fotito pongo, que si qué titular incluyo, que si pongo la ciudad de la que soy o no, que si… La realidad sobre la red es esta: eso no le importa a nadie. Si tu único objetivo es usar LinkedIn como un currículum extendido, busca una foto medio normal, tunéala con IA, pon un titular normalito que diga que haces y completa tu titular y tu experiencia metiendo muchas palabras que la IA pueda identificar. Si quieres destacar, pon una foto horrible, un titular fosforito en el que insultas a media humanidad y una historia que haga que el que lee se quede pegado. Con violencia y sexo si hace falta. Estilo Xokas. Sé que no lo vas a hacer, así que no gastes tiempo en intentar reflejar tu mejor versión de ti, porque la mejor versión de un oficinista no le interesa a nadie. Si crees que tu charla en la feria del Queso de Trujillo importa al resto de la humanidad o que tu afición random a coleccionar figuritas del Warhammer te convierten en un candidato increíble, cambia de idea ya. Ten claro esto: los reclutadores no van a ir a tu perfil a decir, oh, mira, este tipo fue ponente en un congreso, mira qué fotito del tío hablando en un auditorio. Ni van a leer sobre tu afición por hacer magdalenas hipster. Se la pela que ayudes a profesionales y empresas en su transformación digital. En un primer filtro solo van a ver si has puesto ciertas palabras clave y poco más. Es que ni lo van a ver. La gente no tiene tiempo de imprimirse tu perfil y colgarlo en una pared para admirarlo. Así que, si estás dispuesto a enfadar a otros, usa eso. Y, si no, cumple el expediente en tu perfil y no te calientes la cabeza con eso, porque lo único que vas a conseguir es frustrarte porque nadie visita tu perfil a pesar de que has puesto una foto de estudio con chaquetita y los brazos cruzados en el pecho. Dedícale 10 minutos a esos temas, hay cosas más interesantes que puedes hacer en la red. Mañana te cuento más. Jorge - Head of Profile Optimization Comparte por ahí Compartir
Ayer vi la Odisea. Soy un ansias. Con Nolan he ido de más a menos. Me flipó Memento, me moló Origen, Batman bien, Interestelar bien guapa, pero luego ya Oppenheimer… y ayer la Odisea… Y es que este tío tiene una cosa muy chunga. Mucho. Cero humor. Todo es sobriedad, solemnidad, oscuridad. Joder, Nolan. Cuéntate aunque sea el del tío que va a cazar al oso y no le da ni a la de tres. Sí, que luego el oso le pillaba por banda y… No sé, la vida es para disfrutar. No te digo que tengas que estar todo el día jijí, jajá, pero es que parece que quieras el Nobel al intensito del año. Si es que el texto original está lleno de cachondeo. Del que hace risa y del del folleteo, que Ulises era un caliente de cuidado. El humor es fundamental en las relaciones humanas. Pon humor en tu vida y con tu equipo. Un buen chiste une como nada. Que esto lo has vivido, me apuesto lo que sea a que en una situación bien tensa, has soltado una gracieta y has visto cómo se ha hecho la magia. Pues eso. Ríete, no seas un vinagres como Nolan. Jorge - Head of Leadership and Laugh Comparte por ahí Compartir El chiste del oso es patrimonio inmaterial de la UNESCO: El cazador que sube al monte a por el oso, falla el tiro, y el oso le pilla por banda y le hace el delicioso. Al día siguiente el tío vuelve con una escopeta más grande: falla, y el oso otra vez a lo suyo. Tercer día, vuelve con un bazoka, falla de nuevo, y el oso se le acerca despacito y le dice: “Tú no vienes aquí a cazar, ¿verdad?” Diez años tardó Odiseo en volver a Ítaca. Diez. Y eso que tenía una diosa haciéndole de GPS. Tú no quieres volver a Ítaca, Odiseo.
Me apetece hablarte de lo que está mal en LinkedIn. Lo primero: LinkedIn es la red social profesional, si buscas trabajo, clientes o posicionamiento, tienes que estar ahí sí o sí. Ojo, estar no es crearte una cuenta y cotillear a ver si ascienden al compañero aquel que te caía como el culo, estar es dedicarle tiempo a construir una red que te ayude en tu desarrollo. Yo no hago eso, por si quieres saberlo. Yo uso LinkedIn como un campo de juego donde estirar los límites de lo políticamente correcto desde un punto de vista corporativo. Eso me ayuda a entender qué busca la gente en la red. Si eres usuario de Insta, supongo que pensarás que la vida está llena de gente con inquietudes que transforma un tocón de un árbol talado, en un refugio con tele, cocina y miniducha; o que está lleno de gente guapa que viaja mucho a sitios caros; o que la vida cabe en una frase de azucarillo de café. En Twitter, pues supongo que todo el mundo se ha infectado rollo 28 días después. Facebook es esa red donde compartir con tus primos o vecinos recuerdos de cómo era tu barrio en los 90. Y LinkedIn es una mezcla loquísima de todo lo anterior. Un sitio supuestamente profesional donde los mecanismos para crecer son los mismos que en las otras redes. Ya sabes. Polarizar, dar pena, tener opiniones fuertes poco matizadas o, directamente, publicar gilipolleces. Te iré hablando de todo esto los próximos días, hoy voy a otra cosa. Ya te lo he contado: yo no pido conexión a nadie en LinkedIn. Lo que hago es publicar, dejar que la red haga su magia y, una vez a la semana, pillar las solicitudes pendientes y enviar un mensajito cachondo y algo provocador: les pregunto si es humano o bot. Las reacciones siempre son: silencio, risas y, alguna vez, alguien se mosquea. A los del silencio les aplico esto, a las semanas de la solicitud, les envío un mensaje. Les digo que me contactaron, les respondí y que no me hicieron casito. Que, si quieren conectar, me respondan. Y, si no, borro su mensaje en dos días. Aquí hay de todo. Hay gente que se disculpa. Esto es muy humano, pero, a ver, ¿por qué te disculpas con un fulano al que no conoces que está siendo un poco borde contigo? No lo hagas. Hala, ya llevas una lección de liderazgo por la cara. Luego están los que siguen sin responder. A estos les borro la solicitud. Me estoy encontrando que hay gente que me vuelve a pedir conectar al año siguiente, por lo que sea. El caso es que hay gente que se mosquea con este segundo mensaje. Si lo piensas, ¿por qué te mosqueas con un tipo al que has pedido conexión, no le has respondido y te molesta que sea directo? No tiene sentido. Si no quieres conectar o te parece borde, pasa de mí. Luego está la gente que me escribe y luego me bloquea. Esto… A ver… ¿Cómo puede ser la gente tan comadreja? Si te parezco un gilipollas, estupendo, si me lo quieres hacer saber, fantástico, pero que me sueltes alguna bordería y luego te escondas para que no pueda decirte nada, ¿qué es? ¿La gente cree que tengo un mando mágico que da descargas eléctricas a distancia o qué? Lección de hoy: la gente lleva a LinkedIn los mismos miedos que lleva a la máquina de café de la oficina. Ya sabes, disculparse con quien no toca, morder y esconderse. La red no crea cobardes, les da la oportunidad de descubrirse ellos solitos. Jorge - Head of Networking Comparte por ahí, a ver si le llega a los que me han bloqueado en LinkedIn, sobre todo a Marc Vidal. Compartir La historia de cómo me bloqueó Marc Vidal es vieja y no tiene mucha chicha: le puse un comentario que no le hizo gracia y chimpún: bloqueo. Bien pensado, me parece mucho más honesto actuar así.
La multitarea es mentira. Es una forma corporativamente aceptable de decir que alguien está saturado. Ojo, la monotarea extrema también es mortal, el otro día hablé con un tipo algo mayor que yo que me dijo que espera con fervor el momento de prejubilarse porque lleva unos 25 años en la misma cadena de montaje, con las articulaciones destrozadas. Al lío, tu cerebro es básicamente como un Jaguar X-Type: parece que es muy fardón, pero lleva la misma plataforma que un Ford Mondeo. Porque, sí, el cerebro hace cosas bien guapas, pero en el fondo también te engaña. Más que la IA. Así que tú estás en tu trabajo de oficina, de 9 a 6 y viene alguien y te dice que si puedes hacer otra cosita más y tú dices que sí. Ya estás multitareando. El caso es que, por aquello de ser eficiente y no decir que no, asumes tarea tras tarea hasta que la cosa revienta. Porque revienta. Esto lo has experimentado: empiezas con algo, te interrumpen, parece que has estado 10 minutos, cuando tu reloj indica 45; cuando quieres ponerte donde estabas, te has dejado otra media hora más porque, ya que estás, miras el correo y luego revisas lo que habías hecho hasta recobrar el hilo. Ese es el problema de la multitarea. Donde había un hueco libre, ahora hay un puzzle de colorines de decenas de tareas que nunca se completan del todo. He conocido a dos personas en mi vida que lleven bien lo de la multitarea. Bien de verdad, gente que tiene siete u ocho cosas en vuelo y pueda cambiar de una a otra sin problema. Dos personas. Entre miles de profesionales. Así que, no, o eres excepcional o no se te da bien la multitarea. Asúmelo. Lo mejor que puedes hacer para no caer en la falacia de la multitarea es ser borde. Evitar las interrupciones, cortar conversaciones e ignorar deliberadamente a otros cuando te vengan a molestar. No lo harás, pero no hay mejor antídoto. Jorge - Head of Context Switching Comparte por ahí Compartir Para ser borde no basta con que tú creas que lo eres, si no te lo confirman al menos tres conocidos, no vale.
No sé si ves La Revuelta y me da igual si el programa te parece una mierda, el otro día uno de los realizadores del programa contó una historia que te sirve para destacar entre el resto de la humanidad. Resulta que en el programa compraron un jamón malísimo para hacer una de sus escenas. Ni idea de qué iba, tú quédate con que era de mala calidad, barato y que no lo consumieron, así que, lo que sobró, lo pusieron en una mesita con un cuchillo jamonero y no se lo comía nadie. Hasta que llegó un nota con un rotulador negro permanente, marca Edding, los mejores, y pintó la pezuña. Entonces la gente empezó a darle al jamón cuando pasaba por allí y lo veía. Misma mierda, envoltorio atractivo, venta. La IA hace lo mismo con las presentaciones. Esas que haces con powerpoint. Transforma la porquería en algo atractivo, pero en esencia siguen siendo la misma mierda. Tres cosas importantes que debe contener una presentación. Una. Tienes que saber qué quieres contar. Dos. Por supuesto, conocer a quién se lo vas a contar. Tres. Tener clarísimo qué quieres que haga el que reciba el documento. Y cuatro, porque sí, porque estas cosas se me ocurren sobre la marcha, tienes que entender si lo que estás escribiendo es para contarlo en alto o para que alguien lo lea. Porque todo el mundo piensa que va a poder contarlo y casi nunca es así. Entonces envías telegramas con logos y cuadraditos de colores que son como el jamón con la pezuña pintada. Sigue las tres reglas y el bonus y lo harás mejor que el 90%, palabra de consultor. Jorge - Head of presentations Comparte por ahí Compartir
Cada vez que se habla sobre procesos corporativos, alguien sufre un ataque de aburrimiento, cierra el ordenador con violencia, decide dejarlo todo para montar un chiringuito en la playa o se mete a monje budista. No sé por qué, el tema es la leche. Lo que pasa es que se cuenta como si a la gente le apasionara ir a mirar trajes en Cortefiel. Aquí te explico un tema superserio con mierdecilla de colorines. Literal. Si esa promesa no te seduce, yo no sé nada sobre el comportamiento humano. Que te quede claro: los procesos son la madeja que teje los hilos de la eficiencia corporativa. Oh, qué repipi, dirá alguno. A ver, para los que lo quieren mascado: son lo que genera los ingresos en las empresas o, mejor, lo que entierra a las compañías en el basurero del desperdicio. Te voy a contar el problema número uno de las compañías, el que hace que el dinero se escape a chorros: no tienen definido quién es el responsable de sus procesos. Ojo aquí. Hay empresas que dicen que no tienen procesos. Mentira, que no los tengas pintados en un powerpoint y distribuidos por toda la compañía, no significa que no existan. Otras dirán que tienen responsabilidades claras. Mis huevos morenos. La realidad es que hay al menos tres puntos de solape por proceso y cinco áreas ciegas que no caen bajo el paraguas de nadie. O todavía peor: tienes procesos con tres o cuatro responsables, que es lo mismo que no tener ninguno, porque cuando la responsabilidad es de todos, acaba no siendo de nadie. Todo esto que te cuento te parecerá una chapa teórica difícil de imaginar en el día a día, pero te voy a contar algo que seguro que te pasa. Llega la tecnología de moda. Antes era un CRM tó guapo, ahora es la IA. Y, claro, tu CEO, que no es gilipollas, quiere implantar la IA. Le encarga el asunto al de informática, que se pone a comparar modelos y a leer en LinkedIn que si ChatGPT o Claude. Se automatizan cositas, algunas tareas, que si la emisión de facturas, que si la redacción de informes… Pero ahora llega lo bueno: ponte a sistematizar eso. Porque las facturas son cada una de su padre y de su madre, los informes se hacen a retales y la IA se dedica a procesar mierda empaquetada en botes de colores cada uno almacenado en una alacena distinta. Cuando preguntas que quién es el responsable de generar la cagarruta rosa o el zurullito azul, resulta que nadie lo sabe, o hay dos responsables de cada cosa o yo ese día no vine que estaba estreñido. Soy consultor desde 2005 y llevo intentando arreglar con tecnología las cagadas acumuladas durante años por empresas que no estructuraron su responsabilidad. Así que, amigo futuro emprendedor, líder de una compañía o sufridor de toda esta movida, dale importancia a los procesos y distribuye la responsabilidad con cabeza. Hazlo o muere sepultado por mojones gigantescos. Yo más gráfico no puedo ser. Jorge - Head of Zurullism Ellimination Comparte por ahí Compartir
A ver, tranqui, no vas a dejar de recibir esta píldora de sabiduría y mala leche matutina, no te agobies. ¿Ya respiras con normalidad? ¿Sigo? Vale. El título no es clickbait. He pensado en dejar de escribirte muchas veces. Muchísimas. A veces he pensado fallar un día. Sólo uno. Por ver qué pasa. O porque me apetecía cero ponerme a escribirte. Porque sí, porque a veces no me apetece; o veo que otros tienen más alcance con newsletters de mierda y mensajes motivacionales y me corroe la envidia y la sensación de injusticia; otras es porque hay gente que escribe espectacular y les leemos cuatro y pierdo la esperanza; porque hay días en los que no le encuentro sentido a seguir escribiéndote; porque me aburro de contar siempre lo mismo; porque no encuentro la inspiración; porque ese día he tenido lío o estoy agotado… Podría seguir. Esto te pasa a ti. Lo sé. En tu trabajo. A veces te gustaría dejarlo. Porque no te han subido el sueldo; o nadie reconoce tu trabajo; o porque ascienden a un gilipollas; o, no sabes muy bien por qué, pero estás con el ánimo por los suelos; porque no desconectaste en vacaciones; o porque te descubres un día que llevas media hora tecleando algo y te ves como desde fuera, como si no fueras tú quien está escribiendo, de hecho no recuerdas bien lo que estabas haciendo y te invade una sensación horrible de irrealidad. Estas cosas pasan. Solo que, en tu caso, te consuelas con que no puedes dejarlo. Hay facturas que pagar. Bocas que alimentar. A Bali no se llega con moneda del Monopoly. El nuevo iPhone no se paga solo. No te puedes llevar el carrito del Mercadona sin pasar por caja. Si estás en ese punto, te regalo un ejercicio. Haz una lista rápida de cosas que odias de tu trabajo. Tres, cinco, pero no 15, si son 15, igual deberías dejarlo. Me valen cosas pequeñas, reuniones que no llevan a nada, contestar emails a las tantas de la noche, fingir interés en el cumpleaños de un compañero que no conoces, lo que sea. Por cada línea de la lista, pregúntate: ¿qué es exactamente lo que odias? Porque igual no odias hablar con la gente, sino perder el tiempo sin sentido, porque tienes mucho curro y no estás p’a hostias o porque quieres sentir que lo que haces le importa a alguien. Aunque sea a ti. Ahora pilla esa idea y empieza a transformar una cosa de la lista que no te gusta. ¿Sabes lo que he decidido hacer yo? Escribir correos sin preocuparme tanto del tema o de si te van a aportar valor. ¿Sabes de lo que estoy seguro? De que vas a encontrar más valor que nunca. Jorge - Head of Persistence. Comparte por ahí Compartir
Ayer me encontré con un visionario en redes. Ya sabes, un tipo que ha encontrado una verdad que el resto de la humanidad no hemos visto y tiene que venir a liberarnos. El muchacho colgó una foto de la estación de Atocha en Madrid de hace 30 años, en un termómetro de estos digitales que había antes, que marcaba 44 grados. Por lo que sea, la foto estaba en blanco y negro. A ver, no sé, yo viví los 90 y me da que ya había fotos en color, pero omitamos este detalle. En la foto había un cartel que venía a decir lo de que en verano hace calor. Y que si estamos tontos. La lección de hoy es que hay gente capaz de ignorar hasta sus propios recuerdos con tal de tener razón. No sé, si tienes a partir de 20 años de edad sabrás que sí, que en verano hace calor. Pero recordarás que junio solía ser un mes suave. O que en septiembre refrescaba. Yo fui a una boda a finales de octubre hace no mucho tiempo con el aire acondicionado a tope. A ver, negar eso no es ser un antisistema. Es ser gilipollas. Pero, oye, de gilipollas está el mundo lleno. Si el año que viene en invierno hiela como helaba de toda la vida y si en verano tenemos algún día puntual de calor, pero no pasamos de treinta en junio, si este patrón se repite unos añitos, reconoceré mi error. Que el mundo no se iba a la mierda por culpa de la emisión de gases de efecto invernadero. Ojalá sea yo el que se equivoque, también te digo. Mientras tanto, confiaré en los datos. Tú haz lo mismo. Los datos son tus amigos. En tu empresa también hay marketingplanistas y negacionistas del impacto de la IA. No puedes convencerlos de que se equivocan, no pierdas tiempo con ellos. Jorge - Head of Trust in Data Comparte por ahí Compartir
El otro día me acordé de un tipo con el que trabajé que era como el hermano de Noche de Juegos. ¿No has visto Noche de Juegos? Pues si te quieres reír un rato, póntela y ya me darás las gracias. Aunque me acabo de meter en un jardín, a ver cómo sigo yo ahora sin hacerte spoilers. Bueno, el hermano de Noche de Juegos es un tipo que organiza un evento divertido y aquello acaba como Los Juegos del Hambre, con persecuciones, moteros, mafiosos, giros todo el rato y un final alucinante. Pues el tipo del que hablo era así. El tío era gerente y llevaba varios clientes, si te tocaba liderar un proyecto que había vendido, empezabas a flipar desde el minuto uno. El colega había vendido cosas que no sabías ni que existían. Por ponerte una analogía: es como si tu empresa construye edificios y el tipo se ha comprometido con el cliente a construir una casa y poner una pista de karts en el patio. Con Supermario. Y el dinosaurio ese que pone huevos gigantes. Y los coches vuelan. Era un tipo encantador, pero hablabas con él 10 minutos y pensabas que se había caído en la marmita de poción mágica, pero con droga. Mucha. Eso sí, te contaba sus locuras con mucha palabra corporativa. El tipo ascendió a la dirección. Lo que tú veías como jefe de proyecto era una versión loca de Phineas y Ferb corporativa. Lo que vio el CEO fue a alguien con iniciativa. Que te asciendan no depende de tus subordinados. No te digo que te vuelvas un psicópata que trata mal a la gente, pero recuerda que progresar va de invertir en los sitios en los que la gente tiene poder y capacidad de decisión. Si esto te perturba, no lo hagas. Pero que sepas que no progresarás. Jorge - Head of Divine Justice Comparte por ahí Compartir
Empecé a contarte cómo petarlo en reuniones y lo dejé a medias. Hoy voy con un tema jugosón: cómo convertirte en la reina de la fiesta cuando estás en una sesión de estas en las que se debaten temas importantes, ya sabes, el nuevo color corporativo de la marca, si en la quedada anual de la empresa habrá canapés de huevo con atún o cómo comunicar al equipo que este año no hay bonus, opción a) por paloma mensajera, opción b) metiéndolo al final de un correo aburridísimo que nadie leerá. Ese tipo de reuniones en las que tú estás agazapado queriendo brillar como la diva que eres pero sin atreverte a hacerlo. Voy con truquis molones. Lo primero: hablar está sobrevalorado. Escucha y habla cuando toque, asegúrate de hacerlo con convicción, no hay nada que mine más tu autoridad que empezar a hablar y que te pisen otros constantemente. Esto va más de esperar ese silencio oportuno que de intentar meter baza, no te preocupes, aprendes con la práctica. Asegúrate de que lo que dices, lo dices sin titubear y que tu discurso sea coherente, ordenado y con una llamada a la acción. Te lo digo por experiencia: hablar de más no te da más autoridad, al contrario, la gente pensará que divagas. Con razón. Si la reunión pierde el objetivo, reconduce. Nada te da más autoridad que soltar “ese no es el objetivo de la reunión, vamos a centrarnos en lo que hemos venido a discutir”. Escucha con atención. Con toda tu atención. Al que está a por uvas, se le nota. Al que atiende, también. Y, de nuevo, ahí demuestras interés y el interés te ayuda a que los demás te consideren como alguien relevante. ¿Lo has pillado todo? Te resumo: Habla poco. Cuando hables, créetelo. Guía y conduce la conversación. Atiende como si la reunión decidiera el destino de la humanidad. ¿Ha quedado todo clarito? Pues hala, a aplicarlo. Jorge - Head of Meetings. Comparte por ahí Compartir
En Españita, según algunos empresarios, somos todos una panda de caraduras que nos pillamos bajas sin ton ni son porque no queremos ir a currar y se vive mejor cobrando sin trabajar. Claro, claro. La gente es lo que tiene, que quiere vivir del cuento. ¿Hay fraude en las bajas? Hay fraude en las bajas. El que no haya conocido a algún sinvergüenza es porque lleva poco trabajando o porque vive en una cueva. Y, obviamente, hay gente a la que, si la presionas un poco, se reincorporaría al trabajo aunque no se encuentre bien. En 2009 en España había apenas bajas. ¿El motivo? Con el paro desbocado, la gente aguantaba lo que hiciera falta antes que exponerse a verse en la calle. Pero, ¿entonces hay millones de defraudadores? ¿Deberíamos dejar de pagar a los que están de baja? Eso ya ocurre. Si estás de baja, cobras entre un 60 y un 70% del salario, al menos en España. ¿Cuál es el problema real del incremento de las bajas? Pues seguramente multifactorial, como todo. La sanidad está colapsada y los tratamientos de ciertas dolencias sufren retraso, lo que a su vez hace que la gente no pueda volver antes al trabajo. Luego está la salud mental, a la que estamos prestando más atención. No es que ahora la gente vaya al psicólogo porque le deje su pareja, no. Es que antes la gente con ansiedad no iba. Entonces, ¿qué se puede hacer? Porque está claro que, si seguimos así, nos hundimos. Bueno, se pueden hacer muchas cosas. La medida fácil es reducir el importe de la prestación a todo el mundo. Fácil de aplicar, aunque sea impopular. Otra medida más complicada es aumentar las inspecciones. Esto es más caro, pero se puede hacer y ofrecería datos reales sobre la incidencia del fraude. Además tenemos herramientas para hacerlo viable: la IA es muy buena ayudando a detectar el fraude, tenemos una oportunidad estupenda de hacer las cosas mejor incorporando tecnología y, de paso, generando trabajo de calidad. Otra cosa que se puede hacer: eliminar burocracia en los sistemas de salud para desatascar las listas de espera, delegar tareas médicas al personal de enfermería, incentivar los seguros privados obligatorios para tareas ambulatorias, como en Singapur… Opciones hay, planes, no tantos. Hay otra medida. No tiene que ver con reducir las bajas y es complicada. Va de contribuir. Porque claro, hay empresarios que se quejan de que hay muchas bajas. Pero luego hay empresarios que se llevan su domicilio fiscal a otras empresas. Así que también habría que eliminar esos mecanismos de ingeniería fiscal. Que el que genere en tu país, pague en tu país y no en Holanda o Irlanda, cuando no en las Islas Caimán. Pero, claro, eso es difícil. Lo fácil es decir que hay mucho caradura y quedarse tan ancho. La lección de hoy: nada suele ser blanco o negro. Todo tiene matices. No te quedes en la superficie del titular. Jorge - Head of Deep Analysis Comparte por ahí Compartir Ojo, no digo que todos los empresarios eviten pagar impuestos. Solo digo que también hay empresarios que lo hacen. Caraduras hay en todas partes.
Acabo de leer un artículo sobre cómo pedirle a Claude que describa su forma de razonar con su modelo más potente para que, cuando se haga de pago, esas instrucciones se pasen a un modelo menos potente. Descartes estaría orgulloso. Era ironía, que sé que estas cosas son difíciles de pillar en el texto escrito. Si quieres saber cómo razonar, cómo analizar un texto o cómo dividir un problema grande en partes pequeñas, estudia lógica o ingeniería. O, por lo menos, métete en foros a debatir (ojo, debatir, no llegar dando cuatro voces y poniendo a todo el mundo a caldo) o construye un aparador desde cero. La IA es una herramienta muy valiosa que no puede reemplazar tu pensamiento, esto lo tenemos claro, ¿verdad? Cuando uso la IA me siento como si tuviera un becario bueno a mi lado todo el tiempo. ¿Sabes ese becario al que le das dos instrucciones y lo pilla a la primera y te entrega un trabajo brillante? Yo he tenido dos. Tías tremendamente capaces y tremendamente baratas que me parecían un regalo del cielo y para las que hice una campaña de ascenso tremenda. Porque a la gente buena, se la premia. Esas becarias tan fantásticas a veces venían con un trabajo regulero. En ese momento me paraba y les explicaba por qué su trabajo no era aceptable y averiguaba si eso había pasado porque no me había comunicado bien o porque al ser junior no entendían qué estaba mal. Con la IA es lo mismo. El criterio lo tienes que poner tú. La IA tiene criterio, obvio, como mis becarias de hace años. Pero la gente se flipa con mierdas. Mis becarias pensaban que lo que me entregaban era oro puro, igual que lo que hace contigo la IA. A mí también me pasó cuando empecé. Presenté tremendos truños como si fueran adamantium. Y es que el criterio se construye. Así que no te fíes de cómo razona un modelo de IA, porque eso cambia cada seis meses, más o menos. Fíate de lo que se te ha dado bien a ti en el pasado y usa ese criterio para que tu equipo (o una herramienta) te entreguen un buen trabajo. Porque si no aportas criterio, ¿para qué coño me vales? Jorge - Head of Direction Comparte por ahí Compartir
No te asustes: la nius sigue. Que sé que últimamente te preocupa la deriva que estoy tomando y te preguntas si sigo cuerdo o un espíritu incognoscible llegado de dimensiones arcanas se ha apropiado de mi mente. Sigo bien. Lo de hoy. Hay un indicador, se llama churn. El churn indica la tasa de usuarios que se dan de baja de un servicio. En mi caso, el porcentaje de gente que se pira cada mes. No lo miro. Antes sí, cuando empecé con esto cada lector que se daba de baja me dolía. Luego dejó de interesarme, pero los suscriptores crecían, así que el churn no me interesaba. Ahora sé que hay gente que se da de baja cada mes y que, si no hago nada, el número de bajas supera al de altas. Esto me aplica a mí y te aplica a ti si vendes servicios recurrentes. Lo interesante no es solo fidelizar a los que están, sino captar nuevos. Ojo, la mayoría de las empresas tratan mejor a los nuevos que a los de siempre, lo que dispara el churn. Ya sabes: vente, que te doy un 5% de descuento. Y, si eres ya usuario y traes un amigo, te llevas ese 5% también. La gente busca medios ingeniosos de perder clientes. Yo tengo mi propia forma, de vez en cuando publico un correo polémico. Sé que va a generar bajas, sé que se va a compartir por ahí y traerá gente nueva. Ayer un ex-suscriptor se ofendió mucho por mi correo y me lo dijo. Me doy de baja, supongo que ganamos los dos. Mi respuesta fue que no. Que si solo quieres leer cosas que te den la razón, gano yo. Porque yo leo cosas que no me dan la razón constantemente. Cosas que me encienden por dentro y me revuelven las tripas. Ojo, aquí lo importante no es si el correo de ayer generó bajas o no. Lo importante es que cuando arriesgas, cuando emocionas, es normal que haya gente que salga corriendo. Y que haya gente que se vuelva fan. Es lo que pasa cuando tocas la fibra de las personas. Lo importante: da igual que haya bajas puntuales. Céntrate en generar emociones. Puedes dar un servicio excelente o puedes dar un servicio que emocione a la gente. La emoción siempre gana. Siempre. Así que, si vendes servicios, ya sabes. No puedes evitar las bajas. Pero puedes generar una huella imborrable si buscas emocionar y si lo buscas de corazón. Y este es el consejo de hoy. Jorge - Head of Heart Actions Comparte por ahí Compartir Suscríbete ahora
Mi opinión como persona ya de una cierta experiencia es que payasos hay en todas partes. No, va, que en esta nius no va de atacar a nadie en concreto. Hoy vamos a hablar de esos personajes fascinantes que inventan una vida propia. ¿Has conocido a alguno? En mi época a esos sujetos los llamábamos fantasmas. Hay fantasmas y fantasmas. Estaban los que te decían que habían salido de marcha con su colega en otra ciudad y que había ligado con siete u ocho, lástima que el resto del año cuando salía contigo no se le acercaba nadie ni con un palo. Y luego están los pro. Los que se inventan una vida completa. En el mundo profesional he conocido fantasmas. Gente que te cuenta una película que sabes que no es cierta, pero te la cuentan igual. ¿Sabes qué es lo peor? Les funciona. A Vito Quiles, al Pequeño Nicolás o a ese Head of Marketing que ni tiene equipo ni nada, pero que se reúne con un proveedor, se da aires, le cuenta que van a invertir una pasta el año que viene y luego te enteras de que el sujeto lo único que hace son cuatro diseños gráficos y que ni presupuesto, ni vainas. Alguna vez te he hablado de grandísimos impostores que resultaban fascinantes para la gente a su alrededor hasta que se desenmascaraba el pastel y pasaban a ser odiados por todo el mundo. Tienes a Enric Marco, que fingió haber pasado por un campo de concentración para darse bombo y acabó dando un discurso en el Congreso de los Diputados, aplaudido por todos. O la chica de Valencia que dijo que había estado en una de las torres gemelas y su novio falso murió en la de enfrente, mientras ella escapaba. A la larga esta gente acaba mal. Pero resultan fascinantes. Porque le ponen ganas a lo que cuentan, aunque sea mentira. Así que, mi consejo de hoy es que pongas pasión a lo que haces. Mucha. Vito Quiles se apagará cuando los que le sostienen dejen de considerarle útil, lo que no va a tardar mucho en pasar. A la larga, nadie quiere trabajar con un fantasma. Aunque, mientras les ves actuar, resultan fascinantes. Jorge - Head of Ghosting Comparte por ahí Compartir
El otro día te dije que me pidieras lo que quisieras y una suscriptora ha propuesto un tema bien interesante. Resulta que dos departamentos dan instrucciones contradictorias e incompatibles entre sí. Qué raro, ¿eh? Nunca me ha pasado algo así (guiño-guiño). Estas cosas no pasan, ¿a que no? ¿A que nunca has trabajado con gente cuya prioridad parece ser joder al del departamento de al lado? Me decía mi suscriptora que a ver si era cosa suya. Ay, ojalá. La realidad es que en las empresas grandes hay departamentos con responsabilidades que se solapan y hay responsabilidades que nadie tiene. En las realmente grandes, directamente hay un departamento que se encarga de crear subdepartamentos que nadie sabe lo que hacen hasta que acaban replicándose por generación espontánea, un poco como en la peli de Backrooms pero con carteles motivacionales en las paredes. En realidad esto pasa de antiguo, lo de llamar a estos departamentos “reinos de taifas” es una metáfora bastante acertada. Creas un área, pones a alguien al frente y sus intereses suelen ser mantenerse a toda costa y aumentar su poder. No, facturar más, no. Reducir costes, tampoco. Bueno, reducir los del departamento de enfrente. ¿Cómo sobrevivir a semejante locura? Bueno, entendiendo bien el contexto, el contexto lo es todo. Saber de qué palo va cada quién y mantenerse al margen de peleas callejeras entre bandos. Que quede claro: este tipo de movidas pasan porque se permite que pasen. Fomentar la competencia entre distintas áreas es una forma como cualquier otra de gestionar a través del miedo. Y el miedo funciona bastante bien. Querida suscriptora: la paranoia se extiende como una mancha de aceite, y estas empresas funcionan exactamente así porque alguien decidió que funcionaran así. Alégrate de que todavía te escandalice. El día que dejes de verlo raro, ese es el día que hay que preocuparse de verdad. Jorge - Head of Naked Truth Comparte por ahí Compartir